Parar la olla

Una frase fuerte que nunca oí decir a mis padres, pero que cuando escuché por primera vez entendí perfectamente, es “parar la olla”. Sin que fuese muy consciente en ese momento, parar la olla fue lo que hicieron mis papás durante toda mi infancia y la de mis hermanas. Esfuerzo, sacrificio, trabajo. Día a día, en un contexto muy difícil.


Los años pasaron y el esfuerzo dio sus frutos. Estudiamos, aprendimos y trabajamos, y entendí de manera bastante compleja que mucha gente vive parando la olla.


Hoy pienso, como escuela de cocina, ¿somos una herramienta para hacer un cambio? ¿Para contribuir para que el cambio suceda?


Creo que sí. Y pienso de nuevo en la casa de mis papás. Entre los dos hacían la salsa para todo el año, mamá el dulce, papá el pan. Pero, además de eso, ¿cuántas opciones más en el menú del día a día hubiesen tenido con el mismo presupuesto si hubiesen sabido deshuesar un pollo? ¿O hacer un escabeche? ¿O comprar pescado fresco? ¿O hacer un ragú?


Quizás más, quizás las mismas. El tiempo de cada día estaba destinado a trabajar, pensar en llegar a fin de mes y progresar. Y aprender cosas nuevas muchas veces competía con ese tiempo.


No tengo hijos. Tener tres debe ser muy complicado.


Al mismo tiempo, pienso que muchas familias, parejas, personas solas pueden estar (y están) en la misma situación. No digo con tengan que venir a la escuela a estudiar cocina, pero sí quizás leer una receta, probar cosas nuevas, cambiar ingredientes, juntarse a cocinar, mirar un video o escuchar una receta en la radio.


Creo que lo más importante es perder el miedo e intentar disfrutar el momento de la cocina, aunque tengamos poco tiempo: disfrutar esa salsa con dos dientes de ajo, alguna hierba fresca y un par de tomates naturales.


Muchas veces cuando se habla de estas cosas se malinterpreta. No hay que gastar mucho para comer bien. Hay que cambiar de hábitos, que probablemente sea más complicado.


Los problemas cotidianos están. El contexto económico problemático existe y muchas veces jugamos con reglas que no ponemos nosotros. Pero si sabemos defendernos en la cocina, al menos, en parte, podremos vivir mejor.