¿Cuál será hoy la comida más rica del mundo?

Supongamos por un momento que somos inmensamente ricos, independientes de toda responsabilidad y dueños absolutos de nuestro propio tiempo. Supongamos también -y por qué no- que tenemos un auto súper veloz o la posibilidad de transportarnos inmediatamente a donde queramos. En otras palabras, que podamos ir a cualquier lugar del mundo instantáneamente. ¿Vos a dónde irías? Yo al lugar donde esté la comida más rica del mundo que se prepare hoy.


Muchas veces pienso en eso antes de preparar un almuerzo o una cena. ¿En qué parte del mundo se preparará? ¿Quién la cocinará? ¿Será dulce? ¿Salada? ¿Suave o crujiente? ¿Se comerá con cubiertos? ¿Se comerá con las manos o palillos?


Este juego -del que soy el único participante- me ayuda a pensar, me divierte y me motiva a intentar nuevas recetas, ingredientes, olores y colores. Con todo eso busco crear una situación, un momento.


Un plato muy rico en un ambiente desagradable tendrá el peor de los sabores. En cambio, un plato medianamente bueno en una linda noche será inolvidable.


Hay una frase que se le atribuye al filósofo griego Heráclito, que puede servirnos para pensar los platos y los momentos: “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Otros afirman que la frase original fue la siguiente: “al mismo río entras y no entras, pues eres y no eres”.


Sea cual sea la correcta, nos invita a pensar. Una vez que pasó la corriente, el agua que transita ese río ya no es la misma. El cauce es el mismo, pero el agua es distinta. ¿Y qué se puede decir sobre la persona que se baña en él? ¿Y si se trata de la misma persona, pero cambió?

Algo similar sucede con el acto cultural de comer. Por ejemplo, el risotto con langostinos acompañado de una copa de malbec que cenamos aquella noche con Cecilia seguramente no sea el último de nuestras vidas. Se sucederán muchas más cenas con ella, incluso algunas con el mismo menú. Sin embargo, ese momento, esa noche no se repetirá. No volveremos a un 20 de enero de 2021 a las 22.45 a cenar un risotto con langostinos acompañado de una copa de malbec.


La pregunta, entonces, no es “qué quiero comer hoy”. La pregunta, entonces, será “cómo quiero disfrutar, qué momento quiero tener”.


Esto requiere algo extra de parte nuestra: pensar, probar, dejarse llevar y animarse. La recompensa será el descubrimiento de platos, sabores e ingredientes para añadir a nuestros gustos.


Es arriesgado, pero eso es la cocina. O eso es, al menos, lo que proponemos desde la escuela.


De esta manera cada plato tendrá la personalidad propia de cada uno, cada momento será único e irrepetible y, quizás, la comida más rica del mundo hoy sea hecha en casa.